lunes, 12 de abril de 2010

Hoy comienza la asignación de plazas MIR

Quién lo iba a decir, un año ya. Si parece que fue ayer cuando me mordía las uñas indecisa entre la medicina interna y la nefrología, cuando me sentaba en aquel anfiteatro y tras hora y media de angustiosa espera pulsaba el fatídico enter, cuando escribía posts sobre cómo empadronarse u obtener número de la SS, etc...

Y ahora estoy aquí, tras un soplo temporal en el que casi no me doy cuenta de todas las guardias que he hecho, compañeros que he conocido, rotaciones por las que he pasado, cosas que he aprendido... mirando de nuevo la página del ministerio, sintiendo curiosidad por qué nuevo residente riñoncito sufrirá los miedos que yo padecí a mediados de mayo.

La verdad es que no me siento preparada para ser R2. Aún tengo demasiadas dudas como para asesorar a un nuevo R pequeño (esto se refiere básicamente a las guardias). Pero esto es tema para otra discusión.

Enhorabuena a los que habéis llegado a este punto, y mucha tranquilidad a la hora de la elección. Sabed que yo pasé más nervios en el momento de la selección de plaza, que a la hora de presentarme al examen MIR. Os toca decidir el lugar y la especialidad que os definirá, en muchos casos, para el resto de vuestra vida. No es una tontería de decisión.

Podéis echar un vistazo a los post que escribí en su día en relación a este evento, para no sentiros tan perdidos, ya que es normal que en esos momentos no sepáis absolutamente nada. Pero calma.

¡Ánimo, futuros colegas!

domingo, 11 de abril de 2010

¡Letras Torcidas ha vuelto!

Bueno, no sé si lo sabíais, pero durante un buen tiempo, he perdido el acceso a mi blog.

Sin embargo, un día como hoy, en que por casualidad me he metido en blogger, he descubierto que, por arte de magia, mi blog vuelve a ser mío. ¡Alegría, alegría!

Exceso de información





Últimamente me veo sometida por la agobiante realidad del exceso de información. Curiosamente, cuando preparaba el examen MIR, en el cual hay que estudiar como un negro miles y miles de páginas de apuntes o libros de academia, no tenía esa sensación, o si la tenía, no era tan intensa.

Pero ahora me pasa algo curioso: veo ante mi el amplio océano que supone el tener a mi alcance miles de libros médicos, artículos, revistas, y cómo no, el universo de internet. Claro que es aún peor mi ansia por querer abarcar el máximo de conocimientos posible, que hace que mi mente se atasque y se aturulle, y no sepa por dónde empezar. Me hallo ante el dilema de que, ante tantas opciones entre las cuales escoger, no sé por cuál decidirme. Y así, pienso que quiero hacer ésto, y aquéllo, y lo otro, y lo de más allá. Y quiero aprender sobre cardiopatía isquémica, pero también quiero retomar el estudio del inglés, y a la vez quiero leerme ese gordo libraco sobre trastornos hidroelectrolíticos que me he comprado, y preparar mi sesión clínica sobre emergencias hipertensivas, y quiero estudiarme mi nuevo libro de electrocardiogramas, y quiero, y quiero y.... al final no hago nada.

Es una sensación terrible; la libertad para poder elegir en qué invertir el tiempo de estudio, sin la presión de un examen que te obliga a estudiar tal cosa sí o sí. La libertad para elegir en qué libros mirar, cómo orientar lo que se estudia, cómo aplicarlo. Es tal la liberación que uno siente al empezar la residencia, que se convierte en mucho más angustiosa que la metódica y prediseñada sistemática MIR.

Necesito organizarme, crearme un método, o algo, para no volverme loca. El exceso de información es casi tan improductivo como su escasez, lo cual me recuerda aquella anécdota en la cual un residente escribió como diagnóstico 'ESCASEZ', en lugar de 'SCASEST' (y no, no fui yo, malpensados).





La gran lacra del médico moderno



Hoy la cosa va de información.

En este caso voy a referirme a otro tipo de información: la que todo médico debe ser capaz de transmitir a su paciente y a los familiares de éste.

Durante mi corta estancia hospitalaria como residente (que ya es más de medio año), he tenido la ocasión de darme cuenta de que gran parte de las situaciones conflictivas a las que asiste la medicina se deben a la falta de información. O mejor dicho, a la escasa capacidad de algunos médicos para transmitirla de un modo adecuado.

Y en muchas ocasiones no es un problema de actitud, sino de aptitud. Yo no creo que saber emitir un mensaje de forma coherente sea tarea relegada a unos pocos elegidos, pero día a día veo personas que son incapaces de hilvanar frases en las cuales se pueda captar el verdadero sentido de lo que se trata de decir. Esto, en la vida cotidiana, puede pasar desapercibido y no tener mayor trascendencia. Pero cuando se trata de un médico que quiere hacer entender a un enfermo el motivo de su ingreso, o tener al tanto de una familia del mal pronóstico de su pariente, o por el contrario, de convencer a un usuario de que su dolencia es trivial y puede solucionarse sin necesidad de realizar un escáner, la habilidad para ser un buen orador y comunicador, es crucial.

Por mi experiencia, me he podido percatar de que un médico tiene que poseer ciertas dotes de comercial o vendedor de ideas. Hay que saber presentar lo que se transmite de una forma sencilla, atractiva, comprensible y tolerable. Y no siempre ha de hacerse del mismo modo: hay personas que requieren sutileza y tacto, mientras que otras, y según las circunstancias, necesitan cierta dureza. Pero ante todo, humanidad y empatía para ponerse en lugar de la otra persona.

La información es casi tan importante como un diagnóstico correcto, a veces incluso más, porque es la diferencia entre una familia que comprende las limitaciones del conocimiento médico y sus medios, y la familia beligerante-demandante. Y si me refiero específicamente a la familia, es porque suele ser el punto que genera mayores conflictos en estos casos. Los verdaderos enfermos pocas veces discuten, sino que asumen y colaboran.

Hay médicos que piensan que no están obligados a informar más que a sus pacientes, y que la familia juega un papel secundario. Sin embargo creo que esto es una idea errónea; la familia debe ser informada por igual, y no veo nada malo en tomarse un tiempo para sentarse a hablar con ésta, aunque sólo sea para decir que todo va bien.


Cymbelline, por Loreena McKennitt

A continuación os pongo una canción que, desde que conocí a Loreena McKennitt, siempre me ha gustado. Otro día os hablaré con más calma de esta artista, que me parece maravillosa.

Se trata de un fragmento de la obra Cymbelline (Cimbelino), de William Shakespeare.

Fear no more the heat o' th' sun Nor the furious winters rages; Thou thy wordly task hast done, Home art gone, and ta'en thy wages.

Golden lads and girls all must, As chimney-sweepers, come to dust. The sceptre, learning, physic, must All follow this and come to dust.

Fear no more the frown o' th' great; Thou art past the tyrant's stroke. Care no more to clothe and eat; To three the reed is as the oak.

The sceptre, learning, physic, must All follow this and come to dust. All lovers young, all lovers must Consign to thee and come to dust.

Fear no more the lightning flash, Nor th' all-dreaded thunder-stone; Fear not slander, censure rash; Thou hast finished joy and moan. All lovers young, all lovers must Consign to thee and come to dust.

Traducción (Mercedes Manavella)

Ya no le temas al gran ardor del sol, Ni a la rabia furiosa del invierno; Tu tarea terrenal has cumplido, a casa has venido, y la justa merced has recibido. Igual destino le reserva igual suerte Para el deshollinador, la niña y el joven fuerte. Volverán todos al polvo tras la muerte. Cetro de Rey, sabiduría, arte médica o ciencia, igual destino todos seguiremos, y al polvo volveremos. Ya no le temas a la grandeza del malevolente, ni dejes que el golpe del tirano te redoble; vestirte y comer no es trascendente; para ti una rama es como un Roble. Cetro de Rey, sabiduría, arte médica o ciencia, igual destino todos seguiremos, y al polvo volveremos. Todos los jóvenes amantes, todos deben comprender que del polvo provienen, y al polvo deben volver. Ya no le temas al horrible estruendo del trueno mientras dura, ni al fulgor del resplandor. Ya no le temas a la calumnia ni a la censura. Para ti han terminado la alegría y el dolor. Todos los jóvenes amantes, todos deben comprender que del polvo provienen, y al polvo deben volver.